JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —SÃ, señor, porque la princesa llegará mañana allá.
—¡Oh!, cierto es, y habrá funciones para agasajarla.
—Eso es —dijo Gilberto.
—Os creÃa menos curioso al principio, amiguito —prosiguió Rousseau—, me pareció que despreciabais mucho más las pompas del poder absoluto.
—SÃ…
—Observadme a mÃ, cuyo ejemplo queréis imitar muchas veces; ayer vino a rogarme un prÃncipe real que me presentase en la corte, no como vos, pobre joven, empinándome para ver por encima del hombro de algún guardia el paso de los carruajes del rey a quien presentarán las armas, ni más ni menos que al SantÃsimo Sacramento, sino para colocarme junto a los prÃncipes, y para ver la sonrisa de las princesas. Pues bien, el oscuro ciudadano ha rehusado la invitación de esos grandes.
Gilberto hizo un signo de aprobación.