JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Y mientras vos veréis pasar las pompas mundanas —añadió Juan Jacobo—, yo abriré mi colección de plantas y revistaré todas las magnificencias de la naturaleza.
—Y decid —repuso el joven—, ¿no hubierais abandonado todas las plantas de la tierra el dÃa en que fuisteis a ver a la señorita Galley, después de echarla un ramo de cerezas en el seno?
—Perfectamente —dijo Rousseau—, tenéis razón, sois joven, id a San Dionisio, hijo mÃo.
Tan pronto como partió Gilberto lleno de alegrÃa y hubo cerrado la puerta al salir, Juan Jacobo murmuró:
—¡No es ambición es amor!