JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico ¡Supóngase el lector ahora ante esa multitud a Gilberto, pequeño, aislado, indeciso, ignorante de las localidades, y tan orgulloso, que por todo el oro del mundo no habría solicitado la menor noticia; pues desde que habitaba París, quería pasar por perfecto parisiense, él, que nunca había visto más de cien personas juntas!
Nada podía distinguir nuestro joven desde algún tiempo: perdido en medio de aquella confusión, seguía el movimiento del gentío que le rodeaba; no sabiendo dónde se dirigía, aunque le era enteramente necesario orientarse. Vio entonces unos muchachos trepar a un árbol, mas no se atrevió a quitarse la casaca para imitarlos, y se contentó con arrimarse al tronco.
Únicamente se descubría en el camino, a un cuarto de legua más allá de San Dionisio, una gran polvareda. Esto era lo que quería saber Gilberto: los coches no habían llegado aún, y sólo se trataba de saber de qué lado vendrían. En cuanto retrocedió Gilberto, deseando desprenderse de aquella multitud, halló a la orilla de un foso, una familia que se hallaba almorzando.