JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Ya había llegado Gilberto al sitio que tanto deseaba, y se dirigió al padre a quien dio las gracias, recibiendo en cambio mil afectuosas ofertas. Pretendió la madre detenerle, pero la tía le invitó a marcharse, y se separaron para no volverse a ver.
Como en el sitio ocupado por Gilberto había solo privilegiados, este pudo llegar fácilmente al pie de un elevado tilo, se subió sobre una piedra, y asiéndose a una rama, esperó con impaciencia.
A la media hora rompieron estrepitosamente las bandas de tambores, retumbó el canon, y la majestuosa campana de la catedral, dio a los aires sus primeras vibraciones.