JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Es claro, pues hasta ahora no he cedido mi libertad a nadie.
—¡Tunante! —exclamó M. de Taverney admirado de la tranquilidad con que hablaba Gilberto—, ¿conque tú en ParÃs?… ¿Y cómo has llegado?, di, ¿con qué recursos?
El joven contestó:
—¡A pie!
—¡A pie! —repitió Andrea con cierta expresión de lástima.
—¿A qué has venido? —interrogó el barón.
—En busca de educación para poder hacer después fortuna.
—¡A educarte…!
—Creo lograrlo.
—¡A hacer fortuna…!
—Asà lo espero.
—¿Y mendigarás entretanto?
—¡Mendigar! —repitió Gilberto con orgullo.
—O robar.
—Caballero —dijo Gilberto con tanta firmeza y altivez que despertó por un instante la atención de la señorita de Taverney sobre aquel extraño joven—, ¿os he robado alguna vez?
—Y bien, ¿qué haces con esas manos, holgazán?