JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Muy bien: a pesar de esto, es el de toda nuestra generación. El mismo prÃncipe profesa estos principios. Vamos, no seas orgulloso conmigo: cuando puedas me devolverás lo que ahora te preste. Quién sabe si podrás ser algún dÃa un Colbert o un Vauban.
—Quién sabe si un Tronchin —añadió Gilberto.
—Ciertamente. Ea, aquà tienes mi bolsillo: partamos.
—Os lo agradezco —dijo el indómito joven conmovido, aunque sin demostrarlo, de la admirable llaneza de Felipe—, muchas gracias, nada me hace falta; pero… pero estad cierto que os agradezco la proposición aún más que si la aceptara.
Diciendo esto, saludó al capitán que le contemplaba estupefacto, y corrió a confundirse entre la muchedumbre.
Continuó el hijo del barón inmóvil algunos segundos, cual si no le fuera posible dar crédito a lo que habÃa oÃdo y visto: mas viendo que Gilberto no volvÃa, montó otra vez a caballo y marchó a colocarse en su puesto.