JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Quién es? ¡Oh!, es, estoy segura, uno de esos malignos espÃritus que combaten a los hombres y a quien Satanás ha dotado de un poder sobrehumano.
—¿Qué es lo que decÃs? —exclamó la princesa, fijando su mirada en su interlocutora para convencerse de que no estaba loca.
—Y yo, yo, ¡desgraciada de mÃ! —gritó Lorenza torciendo convulsivamente sus brazos que podÃan servir de modelo a los de una estatua antigua—; yo me encuentro siempre en el camino de ese hombre: y yo, yo estoy…
—Terminad…
Se acercó aún más a la princesa y en voz baja, como espantada de lo que iba a manifestar:
—Yo estoy… ¡hechizada!
—¡Hechizada! —exclamó madame Luisa—: ¿Estáis en vuestro juicio?, ¿sois acaso…?
—¿Queréis decir loca, eh? ¡Oh!, no, no lo estoy, pero podré volverme si me abandonáis.
—¡Hechizada! —repitió la princesa.
—¡Ay! ¡Dios mÃo!
—Si me lo toleráis, os diré que en vos se advierten todas las circunstancias propias de las criaturas más favorecidas del Señor; pues parecéis rica, sois hermosa, habláis razonablemente y en vuestra fisonomÃa no se advierte el menor sÃntoma de esa terrible enfermedad.