JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Lo aseguráis?
—¡Señora!, era muy raro el sentimiento que aquel hombre me inspiraba… Estando él presente, no soy yo sino él; quiero lo que quiere, hago lo que desea, mi alma pierde su fuerza, y mi espÃritu su voluntad: su mirada me domina y me fascina. Unas veces parece que introduce en el fondo de mi corazón pensamientos que no son mÃos; otras que me arranca ideas, tan ocultas hasta entonces para mà misma, que ni aun las habÃa adivinado… ¡Oh!, ya veis, señora, que en todo esto hay magia.
—Nunca negaré —repuso la princesa—, que si todo eso no es sobrenatural, es al menos extraño… Pero ¿cómo permanecÃais con ese hombre después de vuestro rapto?
—Yo recibÃa pruebas de un vivo cariño, y de la más sincera amistad.
—¿SerÃa quizá algún ser depravado?…
—No lo parecÃa, pues, cuando hablaba, sus palabras tenÃan algo de profético.
—Ea, vamos, decid que le amáis.
—No, señora, no —repuso la joven con dolorosa tenacidad—, no le amo.
—Pues entonces debisteis huir, acudir a las autoridades, solicitar que os volviesen al seno de vuestros padres.
—Me vigilaba tanto, que me era imposible marchar.