JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Cómo se nombraba él a sà mismo?
—José Balsamo.
—¿Y afirmáis…?
—Digo que conoce a todo el mundo, lo adivina todo, es contemporáneo de todas las épocas, ha vivido en todos los siglos; habla… ¡oh Dios mÃo!, perdonadle tamañas blasfemias, habla de Alejandro, de César, de Carlomagno, como si los hubiese conocido, y según tengo entendido murieron hace muchos años; también cita a Caifás, a Pilatos y a Nuestro Señor Jesucristo, en fin, como si hubiese presenciado su martirio.
—¿Quizá sea un charlatán?
—Tal vez, señora, no entiendo yo lo que significa exactamente en Francia la palabra que acabáis de pronunciar; pero puedo asegurar que es un hombre peligroso, terrible, ante quien se doblega, desploma y hunde todo; que parece indefenso y está armado, que creen solo, y hace salir a los hombres de las entrañas de la tierra. Y todo sin esfuerzo, sin violencia, con una palabra, con un ademán… con una sonrisa.
—Bien está —dijo la princesa—: Sea quien fuere, sosegaos, hija mÃa, seréis protegida contra él.
—Señora, ¿por vos?