JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un MĂ©dico —¿Por quĂ©, despuĂ©s de habĂ©rmela sacrificado espontáneamente, pretendĂ©is recobrarla?, Âżpor quĂ© huĂs del que os protege?, Âżpor quĂ© vais a pedir auxilio a una extranjera contra el que os ama?, Âżpor quĂ© amenazáis constantemente al que nunca os amenaza, con descubrir secretos que no son vuestros, y cuyas consecuencias ignoráis?
—¡Oh! —dijo Lorenza no respondiendo a estas preguntas—, el prisionero que desea firmemente recobrar su libertad, la recobra tarde o temprano, y vuestras barras de hierro no podrán sujetarme más que me sujetó vuestra jaula ambulante.
—Por fortuna para vos, son bastante fuertes —observó el conde con amenazadora serenidad.
—Dios me enviará alguna tempestad como la de Lorena, o algún rayo que las rompa.
—Creedme, Lorenza, pedidle más bien que no suceda asĂ; desconfiad de esas exaltaciones romancescas; os hablo como amigo, oĂdme.
Tanta cĂłlera habĂa concentrada en la voz de Balsamo, tanto fuego sombrĂo en sus miradas, y su musculosa mano se crispaba de tan extraño modo a cada una de las palabras que pronunciaba lenta y casi solemnemente, que, aturdida Lorenza, en lo más fuerte de su rebeliĂłn, no pudo menos de escuchar a pesar suyo.