JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Está bien, romped las vuestras cuando os acomode, Lorenza; pero escuchad antes lo que os espera: únicamente podréis escapar dos veces de este encierro: la primera, os castigaré tan cruelmente, que derramaréis hasta la última lágrima de vuestro cuerpo; la segunda os castigaré tan inhumanamente, que derramaréis hasta la última gota de sangre de vuestras venas.
—¡Dios mÃo! ¡Dios mÃo!, será capaz de matarme —exclamó la joven en el último extremo de la cólera, mesándose los cabellos, mientras se arrastraba por la alfombra.
Miróla el conde un momento con cierta mezcla de cólera y compasión; mas la compasión pudo más que la cólera, y dijo:
—Vamos, Lorenza, volved en vos, tranquilizaos, llegará dÃa en que seáis recompensada con usura de lo mucho que habéis sufrido o creÃdo sufrir.
—¡Encerrada!, ¡encerrada! —gritó la joven sin escuchar a Balsamo.
—Paciencia.
—¡Castigada!
—Es un plazo de prueba.
—¡Loca!, ¡loca!
—Sanaréis.
—¡Oh!, ¡dejadme desde luego en un hospital de locos!, ¡recluidme de una vez en una verdadera cárcel!