JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Se escucharon pasos en el patio, y se abrió la puerta.
—¿No habita aquà el señor conde de Fénix? —preguntó el prÃncipe.
—SÃ, señor —contestó el lacayo.
—¿Se encuentra en casa?
—SÃ, señor.
—Bien, anunciad…
—¿A Su Eminencia el cardenal de Rohán?
Sorprendióse este, y se miró de pies a cabeza, por si algún indicio revelaba su calidad, bien en su traje, o en su comitiva: pero estaba solo, y vestido de seglar.
—¿Cómo sabéis mi nombre? —preguntó.
—Me ha indicado el amo ahora mismo que esperaba a Vuestra Eminencia.
—SÃ, pero mañana, pasado mañana…
—No, señor, esta noche.
—¿Vuestro amo ha dicho que me esperaba esta noche?
—SÃ, señor.
—Bien, pues anunciadme —dijo el cardenal colocando dos luises en la mano de Fritz.
—Tened la bondad de seguirme —repuso este.