JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —SÃ, monseñor.
—Bah, no lo creo.
—¿Ignoráis que soy hechicero?
—¡Ah!, lo olvidaba, es verdad. ¿Cómo debo deciros, el barón de Balsamo o el conde de Fénix?
—En mi casa me llamo el MAESTRO.
—SÃ, ese es el tÃtulo hermético. Pues bien, señor maestro, ¿conque me esperabais?
—Os esperaba.
—¿Y habÃais templado vuestro laboratorio?
—Lo está siempre, monseñor.
—¿Me consentiréis entrar en él?
—Tendré el honor de conducir a Vuestra Eminencia.
—Yo os seguiré, pero con una condición.
—¿Cuál?
—Que me ofrezcáis no ponerme personalmente en relaciones con el diablo. Mucho miedo tengo a Lucifer.
—¡Ah!, ¡ah!, monseñor.
—SÃ, es muy corriente tomar para que hagan las veces de diablos, grandes bribones de guardias franceses reformados, o maestros de esgrima que para representar al natural el papel de Satanás, apagan las luces y martirizan a las gentes con pellizcos y alfilerazos.