La Condesa de Charny

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La media hora que siguió fue empleada por Gilberto para dar noticias de Mirabeau a cuantos llenaban la casa.

Las noticias eran desesperadas, y no ocultó a toda aquella multitud que el enfermo no llegaría tal vez a la noche.

Un coche se detenía en aquel momento delante de la puerta de la casa.

Por un instante Gilberto pensó que tal vez serla enviado por la corte, y se le había dejado pasar por consideración, a pesar de haberse prohibido.

Entonces corrió a la ventana; sería un dulce consuelo para el moribundo saber que la Reina se ocupaba de él.

Pero era un simple coche de plaza que Juan había ido a buscar.

El doctor adivinó para quién era.

En efecto, pocos minutos después, Juan salió conduciendo a una mujer muy tapada de negro, que subió al coche.

Sin saber quién era, la multitud se apartó respetuosamente para dejar paso.

Juan entró.

Un momento después abrióse de nuevo la puerta de la habitación de Mirabeau, y oyóse la voz debilitada del enfermo que llamaba al doctor.

Gilberto acudió al punto.


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