La Condesa de Charny
La Condesa de Charny En efecto; a partir de aquel instante, las pocas horas que Mirabeau vivió no fueron más que una agonÃa.
Gilberto no cumplió menos la promesa dada, y permaneció junto al lecho hasta el último minuto.
Por lo demás, aunque muy doloroso, siempre es una gran enseñanza para el médico y el filósofo el espectáculo de esa última lucha entre la materia y el alma.
Cuanto más grande es el genio, más curioso es observar cómo este sostiene el combate contra la muerte, que debe vencerle al fin.
Por otra parte, el doctor encontraba ante el espectáculo de aquel gran hombre expirante otro motivo para hacer sombrÃas reflexiones.
¿Por qué morÃa Mirabeau, el hombre de temperamento atlético y de constitución hercúlea?
¿No era por haber extendido la mano para sostener aquella monarquÃa que se derrumbaba? ¿No era porque se habÃa apoyado un instante en su brazo aquella mujer de desgracia que se llamaba MarÃa Antonieta?
¿No le habÃa predicho Cagliostro algo semejante a la muerte de Mirabeau, y no eran aquellos dos seres extraños que habÃa encontrado, el uno matando la reputación y el otro la salud del gran orador de Francia, convertido en sostén de la monarquÃa, una prueba evidente de que todo debÃa hundirse, como la Bastilla, ante aquel hombre, o más bien, ante la idea que representaba?
