La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Allí fue preciso darse a conocer, pues el señor de Lafayette se había apoderado de todos los puestos, y en aquellos tiempos de perturbación, habiéndose hecho responsable de la persona del Rey, le custodiaba con toda conciencia.
Sin embargo, cuando Charny dio su nombre, invocando el de su hermano, las dificultades se allanaron y se introdujo a Isidoro y a Sebastián en el patio de los Suizos, desde donde pasaron al del centro.
Sebastián quiso que le condujeran al punto a la calle de San Honorato, el alojamiento que su padre ocupaba; pero Isidoro le observó que, siendo el doctor Gilberto médico del Rey, se sabría en las habitaciones de este, mejor que en ninguna otra parte, qué le había sucedido.
Sebastián, que tenía muy buen criterio, cedió ante este razonamiento, y en su consecuencia siguió a Isidoro.
Aunque los reyes se hallaban allí tan sólo desde la víspera, se había llegado ya a establecer cierta etiqueta en las Tullerías. Isidoro fue introducido por la escalera de honor, y un ujier le hizo esperar en un gran salón tapizado de verde, débilmente iluminado por dos candelabros.