La Condesa de Charny
La Condesa de Charny En aquel momento resonó la campanilla en el despacho del Rey.
—Ya lo veis —dijo el ayuda de cámara—, sin duda el Rey llama para informarse sobre vos.
—Pues entrad, señor Hue, y no perdamos tiempo si, en efecto, el rey puede recibirme.
El ayuda de cámara abrió la puerta, y casi al punto, prueba de que el Rey estaba solo, anunció:
—El señor conde de Charny.
—¡Oh!, ¡que entre, que entre! —exclamó el Rey—, desde ayer le espero.
El Conde se adelantó vivamente, y con una respetuosa rapidez se acercó al Rey.
—Señor —dijo—, me he retardado algunas horas, según parece; mas espero que cuando haya dicho a Vuestra Majestad las causas de esta tardanza, me dispensará.
—Venid, venid caballero de Charny, os esperaba con impaciencia, es verdad; pero de antemano soy de vuestro parecer; solamente una causa importante ha podido contribuir a que vuestro viaje fuera menos rápido de lo que debÃa ser. Y ahora, sed bienvenido.
Y le ofreció al conde su mano, que este besó con respeto.