La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Entonces el joven consultó el reloj con inquietud.
—Las nueve y cuarto —murmuró—; el Rey nos espera a las nueve y media…; por fortuna no hay más que un paso de aquà a las TullerÃas.
Pero la Condesa no empleó siquiera la suma de tiempo que habÃa pedido.
A los pocos segundos entró, llevando en la mano una carta sellada.
—Vizconde —dijo con acento solemne—, a vuestro honor confÃo esto.
Isidoro alargó la mano para coger la carta.