La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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El señor conde de Charny permanecía en el coche dispuesto a prevenir todos los accidentes; estaría muy bien armado, así como los otros tres correos; cada uno de ellos encontraría un par de pistolas en el coche.

Pagándose treinta sueldos de agujetas, y si se caminaba a un paso muy regular, debían llegar a Châlons dentro de trece horas.

Todas estas instrucciones se habían concertado entre el conde de Charny y el duque de Choiseul.

Se repitieron varias veces a los tres jóvenes, a fin de que se compenetraran bien de lo que debían hacer.

El vizconde de Charny corría adelante para preparar los caballos.

Los señores de Malden y de Valory, sentados en el pescante del coche, pagarían.

El conde de Charny, colocado en el interior, asomaría su cabeza por la portezuela para hablar si era necesario.

Todos prometieron atenerse al programa, apagáronse las luces y se avanzó a tientas por la habitación del señor de Villequier.

Las doce de la noche daban cuando se pasaba desde el aposento de madame Royale a dicha habitación. El conde de Charny debía estar en su puesto hacía más de una hora.

El Rey encontró la puerta a tientas.


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