La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Y empujó a la Reina en el arco de una puerta, colocándose delante; pero aquella quedó iluminada muy pronto por la luz de las hachas. En medio de aquellos hombres, recostado en su coche, y con su elegante uniforme de general de la guardia nacional, veÃase a Lafayette.
En el momento de pasar el coche, Isidoro sintió que un brazo fuerte por su voluntad, ya que no por otra cosa, le separaba vivamente.
Era el brazo izquierdo de la Reina.
En la mano derecha llevaba una varilla de bambú con puño de oro, como las que usaban las mujeres en aquella época:
Y golpeando con ella las ruedas del coche, exclamó:
—¡Anda, carcelero, ya estoy fuera de tu prisión!
—Pero ¿qué hacéis, señora, exponiéndoos as�
—Vengarme —contestó la Reina—, y bien se puede arriesgar alguna cosa.
Y se lanzó detrás del último portador de hacha, radiante como una diosa, como una niña.