La Condesa de Charny
La Condesa de Charny La Reina entró en el carruaje, donde se hallaban ya madame Isabel con la princesa Royale, el Delfín y la señora de Tourzel, es decir, cinco personas; sentóse en el fondo, colocando al Delfín sobre sus rodillas; el Rey se puso a su lado, y las otras damas tomaron asiento en la delantera.
Charny cerró la portezuela, subió al pescante, y para desorientar a los espías, si hubiese alguno, hizo dar vuelta a los caballos, remontó la calle de San Honorato, tomó los bulevares hacia la Magdalena y los siguió hasta la puerta de San Martín.
Allí estaba el coche esperando en un camino exterior completamente desierto.
El conde de Charny saltó de su pescante y abrió la portezuela del coche.
La del gran carruaje que debía servir para viajar estaba abierta ya; el señor de Malden y el de Valory se hallaban a los dos lados del estribo.
En un instante las seis personas que ocupaban el coche de alquiler estuvieron instaladas.
Entonces el conde de Charny condujo este coche a orillas del camino y le hizo caer en un foso.
Después se dirigió hacia el otro.
El Rey subió el primero, después la Reina, madame Isabel, los dos niños y la señora de Tourzel.
El señor de Malden subió a la trasera; el señor de Valory se colocó junto a Charny en el pescante.