La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El coche iba tirado por cuatro caballos, que a una señal partieron al trote.
Un cuarto de hora después, daba la una en la iglesia de San Lorenzo. Se empleó una hora para llegar a Bondy.
Los caballos, con los arneses ya a punto de ser enganchados, esperaban fuera de la cuadra, e Isidoro permanecía junto a ellos.
En el otro lado del camino se veía también un cabriolé de alquiler con caballos de posta.
En aquel cabriolé hallábanse dos doncellas pertenecientes al servicio del Delfín y la princesa Royale.
Habían esperado encontrar un coche de alquiler en Bondy, y no habiéndolo hallado se arreglaron con el dueño del cabriolé, que les vendió su vehículo por mil francos.
Este hombre, satisfecho de su venta y queriendo ver sin duda qué hacían las personas que habían cometido la necedad de darle mil francos por semejante bicoca, esperaba en la misma casa de postas bebiendo un trago.
A poco vio llegar el coche del Rey conducido por Charny; este último bajó del pescante y acercóse a la portezuela. Debajo del capote de cochero llevaba su uniforme, y en el cajón del pescante su sombrero.