La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Estaba convenido entre el Rey, la Reina y Charny, que este último, al llegar a Bondy, ocuparÃa en el interior el lugar de la señora de Tourzel, la cual volverÃa sola a ParÃs.
Mas para este cambio se habÃa olvidado consultar con la interesada.
El Rey sometió la cuestión a su juicio.
La señora de Tourzel, además de su profunda fidelidad a la familia real, mostrábase tan severa como la anciana señora de Noailles en lo relativo a la etiqueta.
—Señor —contestó—, tengo la misión de velar sobre los hijos de Francia sin separarme de ellos un instante, a menos de una orden expresa de Vuestra Majestad, orden que no tendrÃa precedente; de modo que no los dejaré.
La Reina se estremeció de impaciencia, pues una doble razón le hacÃa desear que Charny estuviera en el coche: como Reina veÃa en ello su seguridad, y como mujer su alegrÃa.
—Querida señora de Tourzel —dijo la Reina—, os estamos muy agradecidos; pero sufrÃs y habéis venido por una exageración de vuestra fidelidad; permaneced en Bondy, y donde quiera que estemos podréis volver a reuniros con nosotros.