La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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Capítulo LXXXV

Hemos visto marchar el coche que conducía al Rey y a su familia al trote largo de cuatro vigorosos caballos de posta, y vamos a seguirle por el camino en todos los detalles del viaje, como lo hicimos en todos los de su fuga. El acontecimiento es tan grande y ha ejercido una influencia tan fatal en su destino, que el menor accidente de este viaje nos parece de curiosidad o de interés.

Amaneció a eso de las tres de la madrugada; se debía de cambiar de tiro en Meaux; el Rey tenía apetito y se apeló a las provisiones. Estas últimas consistían en un pedazo de ternera fiambre que, con pan y cuatro botellas de champaña, el conde de Charny había mandado poner en las bolsas del coche.

Como no había cuchillo ni tenedores, el Rey llamó a Juan, nombre que, según se recordará, se había dado al señor de Malden.

Este se acercó.

—Juan, prestadme vuestro cuchillo de caza para cortar la ternera.

Juan alargó al Rey el cuchillo.

Durante este intervalo la Reina sacaba la cabeza del coche y miraba hacia atrás, sin duda para ver si venía Charny.

—¿Queréis tomar algo, señor de Malden? —dijo el Rey a media voz.


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