La Condesa de Charny
La Condesa de Charny En otro tiempo, y para alojar a Nicolasa junto a ella, Andrea había convertido el salón en una segunda alcoba; pero habiendo desaparecido esta necesidad, cada habitación volvió a tener su destino primero, y la doncella, dejando el piso bajo enteramente libre para su señora, que venía muy rara vez y siempre sola, se había contentado con una pequeña buhardilla.
Andrea, pues, se excusó con la Reina de no conservar aquella habitación contigua a la suya, bajo pretexto de que Su Majestad tenía poco alojamiento y necesitaba a su lado más bien una de sus camaristas[4] que no una persona que no estaba particularmente agregada a su servicio.
La Reina no insistió en conservar a Andrea, o, más bien, no lo hizo sino como lo exigían las estrictas conveniencias, y como a eso de las cuatro de la tarde llegase la doncella de Andrea para avisar que el pabellón estaba preparado, le dio la orden de marchar al punto a Versalles para recoger sus efectos, que en la precipitación que ocupaba en el palacio, los cuales debían ser trasladados al día siguiente a la calle de Coq-Héron.
A las cinco, la condesa de Charny había abandonado las Tullerías, considerando como despedida suficiente las pocas palabras que dijo por la mañana a la Reina, dejándola en la facultad de disponer de la habitación que había ocupado tan sólo una noche.