La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Por fortuna, el alcalde es poco republicano y no desea tomar sobre sà semejante responsabilidad. En vez de asegurarse del hecho, pide a su vez toda especie de explicaciones, niega que la cosa pueda ser cierta, y aburrido al fin, llega a la casa de postas en el momento en que el coche desaparece al doblar una esquina.
Se han perdido más de veinte minutos.
En el coche real hay mucha alarma: aquellos caballos cayéndose unos tras otros sin motivo alguno, recuerdan a la Reina las bujÃas que se apagaban por sà solas.
Sin embargo, al salir de las puertas de la ciudad, el Rey, la Reina y madame Isabel, dijeron a un tiempo:
—¡Nos hemos salvado!
Pero a cien pasos más allá un hombre se precipita, pasa la cabeza por la portezuela, y grita a los ilustres viajeros:
—¡Habéis tomado mal vuestras medidas, y seréis detenidos!
La Reina profirió un grito; el hombre se aparta a un lado y desaparece en una arboleda.
Por fortuna Pont-de-Sommevelle no dista más que cuatro leguas, y se encontrará al señor de Choiseul con sus cuarenta húsares.
¡Pero ya son las tres de la tarde, y se han perdido cerca de cuatro horas!…