La Condesa de Charny

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Los dos viajeros se habían echado vestidos en la cama para no perder tiempo. Al bajar hallaron los dos coches preparados.

El duque de Choiseul recomendó al postillón que dejase salir primero el carruaje de los guardias nacionales, y que le siguiese sin perderle de vista ni un solo momento. En seguida examinó las pistolas que tenían en el coche y las cargó de nuevo, lo cual inspiró a Leonardo cierta inquietud.

Siguieron así durante una legua o legua y media, y entre Etoge y Chaintry el cabriolé tomó por un camino lateral que conducía hacia Jalons y Epernay.

Los guardias nacionales que habían alarmado al duque de Choiseul eran dos buenos ciudadanos que volvían de Ferté y se dirigían a sus casas.

Tranquilo sobre este punto, el duque continuó su marcha.

A las diez atraviesa por Châlons; a las once llega a Pont-de-Sommevelle.

Aquí se informa: los húsares no han llegado aún.

Deteniéndose en la casa de postas se apea, pide una habitación y se pone su uniforme.

Leonardo contemplaba estos preparativos con viva inquietud, suspirando de un modo que enternecía al duque de Choiseul.


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