La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Leonardo —dijo este—, ya es tiempo de que sepáis la verdad.
—¿Cómo la verdad? —exclamó Leonardo cada vez más sorprendido—, pues qué, ¿no sé la verdad?
—Sabéis una parte y voy a deciros el resto.
Leonardo juntó las manos.
—Creo, Leonardo, que sois fiel a vuestros amos, ¿no es verdad?
—Con toda mi alma y corazón, señor duque.
—Pues bien, dentro de dos horas estarán aquÃ.
—¡Oh, Dios mÃo! ¿Es posible? —exclamó Leonardo.
—Sà —continuó el duque—, aquÃ… con los niños… con madame Isabel… ¿Sabéis cuántos riesgos han corrido?
Leonardo hizo con la cabeza una señal afirmativa.
—Y ¿qué peligro corren aún?
Leonardo levantó los ojos al cielo.
—Pues bien, dentro de dos horas estarán salvados.
Leonardo no podÃa hablar; las lágrimas le ahogaban; pero consiguió decir:
—AquÃ, dentro de dos horas… ¿Estáis bien seguro de ello?