La Condesa de Charny

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Al oír el ruido el duque de Choiseul volvió a Pont-de-Sommevelle y halló muy inquieto al señor de Boudet.

Se amenazaba a los húsares, que en aquella época era uno de los cuerpos más aborrecidos del ejército; los paisanos se burlaban de ellos y venían a cantar en su presencia la siguiente letrilla improvisada:

Los húsares son guitones,

riamos de esos bribones.

Además, personas mejor informadas o más perspicaces empezaban a decir en voz baja que los húsares habían venido, no para lo que se decía respecto a los vecinos de la propiedad de madame d’Elbceuf, sino para esperar al Rey y la Reina.

En esto dieron las cuatro, sin que correo ni carruaje hubiesen aparecido.

Sin embargo, el duque de Choiseul se decidió a permanecer aún en el pueblo; pero hizo enganchar los caballos de posta, se encargó de los diamantes que llevaba Leonardo y despachó a este a Varennes, recomendándole dar cuenta de paso al caballero Dandoins en Sainte-Menehould, al de Damas en Clermont y al de Bouillé en Varennes, de la situación en que se hallaba.


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