La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Efectivamente; todo el pueblo estaba alborotado, y apenas Dandoins y Charny salieron de la plaza, cuando Drouet, como si únicamente hubiera esperado este momento, exclamó:
—¡El coche que acaba de pasar es el coche del Rey… el Rey, la Reina y los hijos de Francia van en carruaje!
Y diciendo esto, montó a caballo. Muchos de sus amigos trataron de detenerle.
—¿Adónde va? ¿Qué quiere hacer? ¿Qué proyectos tiene?
Drouet contestó en voz baja:
—¡El coronel y el destacamento de Dragones estaban aquÃ, y no habÃa medio de arrestar al Rey sin una colisión desfavorable para nosotros! Yo haré en Clermont lo que no me ha sido posible hacer aquÃ… ¡Detened a los dragones; esto es lo único que os pido!
Y con esto parte a galope, siguiendo las huellas del Rey.
Entonces fue cuando cundió la voz de que el Rey y la Reina iban dentro del coche que acababa de pasar, y cuando se oyeron los gritos que llegaron a oÃdos de Charny.
El alcalde y la municipalidad acudieron al oÃr los gritos; el primero ordenó a los dragones que entrasen en el cuartel, atendido que ya eran las ocho.