La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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Capítulo LXXXVIII

El carruaje del Rey, precedido de Isidoro, volaba, sin embargo, por el camino de Sainte-Menehould a Clermont.

El día declinaba, como hemos dicho; las ocho acababan de dar y el coche entraba en la selva de Argonne, por medio de la cual atravesaba el camino.

Charny no había podido prevenir a la Reina del contratiempo que le retenía, puesto que el carruaje había partido antes que Drouet le contestara que no había más caballos.

La Reina se apercibió, al salir de la ciudad, de que el conde no iba junto al estribo; pero no había medio ni de acortar el paso, ni de preguntar a los postillones.

Tal vez se inclinó más de diez veces fuera del carruaje para mirar hacia atrás, sin que pudiese descubrir nada; y aunque una de ellas creyó divisar un jinete que galopaba a gran distancia, este jinete comenzaba a perderse entre las sombras nacientes de la noche.


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