La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Señor —dijo Isidoro—, el silencio es completo y, por consiguiente, todo parece tranquilo… Si Vuestra Majestad se digna esperar aquà diez minutos, voy a entrar en la ciudad y a procurar adquirir noticias de los señores de Bouillé y de Raigecourt, o al menos del relevo del señor de Choiseul… ¿No recordarÃa Vuestra Majestad el nombre de la posada en que deben esperarle los caballos?
—¡Oh!, no —dijo el Rey—, lo sabÃa y lo he olvidado. No importa, id; entretanto vamos a procurar informarnos aquÃ.
Isidoro se lanzó en dirección a la parte baja de la ciudad, y desapareció bien pronto detrás de las primeras casas.