La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Por lo pronto, el señor de Damas, que había dado a media voz la orden de marchar, creyó que no le habían oído; mas al volverse vio a los dragones de la segunda fila apearse y fraternizar con el pueblo.
Desde este momento comprendió que no debía esperarse ya nada de aquellos hombres, y reuniendo en torno suyo a los oficiales con una mirada, les dijo:
—Señores, los soldados hacen traición al rey… y apelo a los caballeros. ¡Quienquiera, que me siga! ¡A Varennes!
Y clavando las espuelas en los ijares de su caballo, se lanzó el primero a través de la multitud, seguido del señor de Floirac y de tres oficiales.
Estos tres oficiales, más bien subalternos, eran el ayudante Foucq y los dos cuartel maestres Saint-Charles y La Potterie.
Cinco o seis dragones fieles, separándose de las filas, siguieron también al señor de Damas.
Se dispararon algunos tiros contra estos heroicos fugitivos; mas fueron balas perdidas.
He aquí cómo el señor de Damas y sus dragones no se encontraron para defender al rey cuando este fue detenido bajo la bóveda de la torre del portazgo en Varennes, y donde hubo de apearse de su coche para ser conducido a la casa del procurador del distrito, señor de Sausse.