La Condesa de Charny

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Capítulo XCI

La casa del señor de Sausse, por lo menos la que los ilustres fugitivos y sus compañeros de infortunio vieron, se componía de una tienda de comestibles, en cuyo fondo, a través de una puerta vidriera, divisábase un comedor; desde este último se podían ver, sentado a la mesa, las personas que entraran, sin contar que una campanilla, puesta en movimiento por la abertura de una puertecita baja, como las que cierran durante el día los almacenes de provincia, anunciaba la entrada de cualquiera.

En un ángulo de la tienda había una tosca escalerilla que conducía al primer piso.

Este último se componía de dos habitaciones; la primera, sucursal del almacén, estaba llena de fardos amontonados en el suelo; del techo pendían manojos de velas, y sobre la chimenea veíanse pilones de azúcar cubiertos con sus gruesos papeles azules; la segunda habitación era la alcoba del dueño del establecimiento despierto por Drouet, y en la cual notábanse aún las señales del desorden producido por la imprevista llamada.

La señora de Sausse, a medio vestir, salía de esta habitación, atravesaba la segunda, y presentábase en lo alto de la escalera en el momento en que la Reina, primero, después el rey, luego los hijos de Francia, y en fin, las señoras Isabel y de Turzel, franqueaban el umbral de la tienda.


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