La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Precediendo en algunos pasos a los viajeros, el procurador del distrito habÃa entrado el primero.
Más de cien personas que acompañaban el coche permanecieron delante de la casa del señor de Sausse, situada en una plaza pequeña.
—¿Y bien? —dijo el Rey al entrar.
—Caballero —contestó Sausse—, se ha hablado de pasaporte; si la señora que se titula dueña del coche quiere mostrar el suyo, le llevaré a la Municipalidad, donde se halla reunido el consejo, para ver si es válido.
Como en todo caso, el pasaporte dado por madame de Korff al conde de Charny, y por este a la Reina, estaba en toda regla, el Rey hizo seña a madame Tourzel de que lo diese.
Esta sacó de su bolsillo aquel precioso papel y lo entregó a Sausse, el cual, encargando a su mujer que hiciese los honores de la casa a sus misteriosos huéspedes, partió al Ayuntamiento.
Todos los espÃritus estaban allà exaltados, pues Drouet asistÃa a la sesión. Sausse entró con el pasaporte; todos sabÃan que los viajeros estaban en su casa, y la curiosidad hizo que a su llegada todos guardasen silencio.
El procurador entregó al alcalde el pasaporte, cuyo tenor hemos dado ya en otra parte.
AsÃ, después de haber leÃdo, el alcalde dijo: