La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Señores, el pasaporte está en regla.
—¿En regla? —preguntaron ocho o diez voces con el acento de la admiración, al mismo tiempo que otras tantas manos se alargaban para cogerlo.
—¡En regla, indudablemente —dijo el alcalde—, pues lleva la firma del Rey!
Y presentó el pasaporte a todas aquellas manos extendidas, que se apoderaron inmediatamente de él.
Drouet lo arrancó casi de las que lo tenÃan.
—¡Firmado del Rey, bien! —dijo—. Pero ¿lo está por la Asamblea… por la Asamblea nacional?
—Sà —contestó uno de los que se hallaban más próximos, y que leÃa el pasaporte al mismo tiempo que él y a la luz de la misma vela de sebo—, aquà están las firmas de los individuos de una de las Juntas.
—Conformes —replicó Drouet—, pero ¿y la del Presidente?… Además —concluyó el joven patriota—, la cuestión no es esa. Los viajeros no son madame de Korff, señora rusa, con sus hijos, su mayordomo, dos señoras de su servidumbre y tres criados; son el rey, la reina y el delfÃn, madame Royale, madame Isabel, y alguna otra dama de palacio, tres correos… ¡La familia real, en fin! ¿Queréis o no que la familia real salga de Francia?