La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Los dos oficiales esperaron hasta la medianoche, hora en que, vestidos, se echaron sobre la cama.
A las doce y media despertaron al ruido del toque de generala y los gritos. Se asomaron a la ventana y vieron la agitación de la ciudad, cuyos habitantes corrían, o más bien, se precipitaban en dirección al Ayuntamiento, armados la mayor parte, unos con fusiles de munición, otros con escopetas de dos cañones, estos con sables, aquellos con espadas, y hasta con simples pistolas.
Los dos caballeros comenzaron por dirigirse a las cuadras para sacar los caballos del rey, que a todo evento y a fin de conservarlos condujeron fuera de la ciudad. Atravesada esta, el rey los hallaría allí.
Luego volvieron a buscar sus propios caballos, a fin de reunirlos con los del rey, guardados por postillones.
Pero estas idas y venidas habían excitado sospechas, y para salir de la posada con sus propios caballos, tuvieron que sostener una especie de combate, en el cual les dispararon dos o tres tiros.
En medio de los gritos y amenazas que entonces pudieron oír, supieron que el rey acababa de ser detenido y llevado a casa del procurador del Ayuntamiento.