La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Pero nadie me contestaba —siguió diciendo Charny—; errante toda la noche, me hallé al amanecer cerca de la aldea de Geves, camino de Varennes a Dun. ¿HabÃan Vuestras Majestades tenido la suerte de escapar de Drouet, como él me habÃa escapado? Posible era, y en ese caso, habiendo pasado de Varennes, inútil era mi presencia en este punto. ¿HabÃais sido detenidos en Varennes? Estaba solo y mi lealtad era de poco resultado. Entonces resolvà continuar mi camino hacia Dun. Poco antes de llegar a él encontré al caballero Deslon y cien húsares. Estaba inquieto, pero carecÃa de noticias. HabÃa visto pasar, corriendo a toda brida con dirección a Stenay, a los señores de Bouillé y de Raigecourt. ¿Por qué no le habÃan dicho nada? Sin duda desconfiaban de él. Adiviné entonces que Vuestra Majestad se hallaba detenida en Varennes, y que los señores Bouillé y Raigecourt habÃan escapado para prevenir al general. Conociendo yo al señor Deslon por un bueno y leal caballero, le confié todo, le rogué que me siguiese con sus húsares, lo que hizo en el mismo instante, dejando treinta que guardasen el puente sobre el Meuse, y una hora después estábamos en Varennes, habiendo corrido cuatro leguas. Yo querÃa comenzar inmediatamente el ataque y destrozar cuanto me impidiese llegar hasta Vuestras Majestades, pero encontramos barricada tras barricada; intentar franquearlas hubiera sido una locura; intenté, pues, parlamentar. Un destacamento de guardia nacional se presentó y me rehusó el permiso que yo pedà de reunir mis húsares con los que habÃa en la ciudad; pedà entonces que se me permitiese venir a tomar órdenes del rey, y viendo que se preparaban a negármelo también, piqué a mi caballo, salté la primera barricada… la segunda… Guiado por el rumor y con mi caballo al galope, llegué a la plaza en el instante en que Vuestra Majestad, haciéndose atrás, dejaba el balcón… Ahora, señora, aguardo las órdenes de Vuestra Majestad.