La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Está bien, señora, permitidme conferenciar con esos señores, y lo que decidamos será ejecutado inmediatamente.
En este momento, el señor de Choiseul entró.
TraÃa en su mano algunos papeles envueltos en un pañuelo ensangrentado, que presentó a Charny sin decir una palabra.
El conde comprendió que eran papeles hallados sobre su hermano.
Tendió la mano para recibir la sangrienta herencia, acercó a sus labios el pañuelo y lo besó.
La Reina no pudo contener un sollozo.
Pero Charny, sin volverse y guardando en su pecho los papeles, dijo:
—Caballero, ¿podéis ayudarme en el último esfuerzo que voy a intentar?
—Estamos prontos a sacrificar nuestras vidas —respondieron los jóvenes.
—¿Creéis poder responder de una docena de hombres que permanezcan fieles aún?
—Somos ya ocho o nueve.
—Pues bien, yo me vuelvo al lado de mis setenta húsares. Mientras yo ataco las barricadas de frente, haréis una división por retaguardia, y merced a ella yo puedo forzar las primeras; reunidas luego nuestras fuerzas, penetraremos hasta aquà y nos llevamos al rey.