La Condesa de Charny

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Capítulo XCV

Toda esta escena del señor de Choiseul amenazando al que hablaba en nombre de la Asamblea nacional, había tenido lugar sin que este se apercibiese del peligro de muerte en que había estado.

Parecía, por lo demás, ocupado por otro sentimiento mucho más influyente sobre su corazón que el sentimiento del temor. No era posible engañarse en la expresión de su fisonomía: era la del cazador que ve al fin reunidos dentro de una misma trampa, de donde no pueden escapársele, el león, la leona y los cachorros que han devorado su hijo único.

A la voz de prisionero, que hizo saltar al señor de Choiseul, el rey se había levantado.

—¡Prisioneros! ¡Prisioneros en nombre de la Asamblea nacional! ¿Qué queréis decir? No os comprendo.

—Y sin embargo —contestó el hombre—, es muy sencillo y fácil de comprender. No obstante el juramento que habéis hecho de no dejar la Francia, habéis huido de noche haciendo traición a vuestra palabra, a la nación, al pueblo; por eso la nación ha gritado: «¡A las armas!». Por eso el pueblo se ha sublevado, y el pueblo y la nación os dicen por la voz de uno de vuestros últimos súbditos, voz que no por venir de abajo es menos poderosa: ¡Señor! ¡En nombre del pueblo, en nombre de la nación, en nombre de la Asamblea nacional, sois mi prisionero!


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