La Condesa de Charny
La Condesa de Charny «La Asamblea manda que el ministro Interior despache inmediatamente correos a los departamentos, con orden a todos los funcionarios públicos, guardias nacionales y tropas de línea, para que detengan o hagan detener a cualquiera persona que salga del reino, e impidan toda salida de efectos, armas, municiones, numerario de oro o plata, caballos y carruajes; y en el caso en que los correos alcancen al rey, algún individuo de la familia real o a los que hubieran podido concurrir a su fuga, los antedichos funcionarios públicos, guardias nacionales y tropas de línea están obligados a tomar todas las medidas posibles para impedir dicha fuga y evitar continúen su viaje, dando cuenta en seguida al Cuerpo legislativo».
La Reina había escuchado con una especie de entorpecimiento; pero luego que el Rey hubo concluido, moviendo la cabeza como para llamar a sí sus ideas, y tendiendo la mano para recibir el fatal decreto, dijo:
—Dádmelo. ¡Eso es imposible!
El compañero del señor de Romeuf tranquilizó con una sonrisa a los guardias nacionales y patriotas de Varennes, a quienes la palabra imposible, pronunciada por la Reina, había inquietado, no obstante que todos habían oído el tenor del decreto.
—¡Oh! Leed, señora, leed, si dudáis aún —exclamó el Rey con amargura—, está escrito y firmado por el presidente de la Asamblea nacional.