La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Paso, ciudadanos. Tengo que hablar un instante con este oficial… Pero estad tranquilos, ni lobos ni lobeznos se escaparán… Yo estoy ahÃ, respondo de ellos.
Y como si aquel hombre, que les era tan desconocido como al Rey y toda su comitiva, excepto de Charny, tuviese el derecho de darles órdenes, salieron marchando hacia atrás y desalojaron la primera pieza.
TenÃa además cada uno de ellos necesidad de referir a sus camaradas lo que acababa de pasar adentro, y de recomendar a los patriotas estuviesen más que nunca vigilantes.
Charny, en tanto, decÃa a la Reina en voz baja:
—Señora, el caballero de Romeuf os toca a vos, os dejo con él; procurad sacar el mejor partido posible.
Esto era más fácil cuanto que Charny, salido que hubo a la primera pieza, cerró la puerta y púsose de espaldas a ella, impidiendo asà que nadie, incluso Billot, pudiese penetrar.