La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Sin duda… ayer y esta mañana, y me contestaron que estabais en Versalles; también me informé esta tarde, y supe que os hallabais cerca de la Reina.
¿HabÃan sido pronunciadas estas últimas palabras simplemente, o expresaban una reprensión?
Lo cierto es, que el mismo Conde, no sabiendo a qué atenerse, se preocupó un instante.
Pero casi al punto, esperando sin duda a que el resto de la conversación levantase el velo que ahora le ofuscaba, contestó:
—Señora, un triste y piadoso deber me retenÃa ayer y hoy en Versalles; un deber que considero como sagrado, en la situación en que la Reina se halla, me obligó a presentarme a Su Majestad apenas llegado a ParÃs.
A su vez, Andrea trató visiblemente de reconocer en todo su realismo la intención de las últimas palabras del Conde.
Después, pensando que debÃa dar, ante todo, contestación a las primeras, repuso:
—¡Oh!, caballero, he sabido, ¡ay de mÃ!, la terrible pérdida que…
Andrea vaciló un instante.
—Que habéis sufrido —dijo al fin.
Andrea iba a decir «que hemos sufrido», pero sin atreverse, continuó:
—Habéis tenido la desgracia de perder a vuestro hermano el barón Jorge de Charny.