La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Y a pie a través de las tierras, lleno de barro, empapado en agua, sin su sable, que había dejado en el canal, y con las pistolas inútiles, porque la pólvora se había mojado, Charny emprende la carrera y desaparece en medio de los grupos de los árboles, que como centinelas avanzados del bosque se elevan al otro lado del camino.
Por este último es por donde conducen al rey y a la familia real prisioneros, y basta seguirles para alcanzarlos.
Pero antes de hacerlo así se vuelve por última vez, y ve en la opuesta orilla el canal maldito al señor de Bouillé y su tropa, que a pesar de la imposibilidad bien reconocida de seguir adelante, no pueden decidirse a pronunciarse en retirada.
El conde les hace una última señal; después avanza por el camino, dobla un ángulo, y todo desaparece.
Mas para guiarse le queda el inmenso rumor que le precede, producido por los gritos, los clamores, las amenazas, las carcajadas y las maldiciones de diez mil hombres.