La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Alejaros de ella! —replicó vivamente Andrea dando un paso hacia el Conde.
Y después de un momento, notando que Charny estaba de pie desde el principio de la conversación, siempre junto a la puerta, le dijo, señalándole un sillón:
—Dispensad, aún os tengo de pie, señor Conde.
Al pronunciar estas palabras, se dejó caer ella misma sobre el canapé, incapaz de sostenerse más tiempo, y ocupando el sitio donde un momento antes se hallaba Sebastián.
—¡Alejaros! —repitió con una emoción que no dejaba de expresar alegrÃa, al pensar que Charny y la Reina iban a quedar separados—. ¿Y con qué objeto?
—Con el de desempeñar en TurÃn una misión cerca de los señores conde de Artois y duque de Borbón, que se ha marchado de Francia.
—¿Y aceptasteis?
Charny miró fijamente a Andrea.
—No, señora —dijo.
Andrea palideció de tal modo que Charny dio un paso hacia ella como para prestarle auxilio, mas al notar este movimiento del Conde, repúsose y volvió en si.
—¿Que no? —balbuceó—. ¿Habéis rehusado obedecer una orden de la Reina… vos, caballero?…
Las dos últimas palabras fueron pronunciadas con un acento de duda y de asombro imposibles de expresar.