La Condesa de Charny

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Un gendarme paró con el cañón de su mosquete un golpe asestado con una hoz, y Jaime Brisack rechazó otro con un garrote que arrancó de las manos a uno de los agresores, y que fue cortado en dos como una caña; pero el golpe había perdido su dirección y sólo hirió al caballo.

Foucq tuvo la idea de gritar:

—¡A mí, dragones!

Algunos soldados, avergonzados de permitir que se degollara al que había sido su jefe, acudieron a este grito y se abrieron paso hasta el duque.

El señor de Romeuf, alzando entonces la voz, dijo:

—En nombre de la Asamblea nacional, de quien soy mandatario, y del general Lafayette, por quien he sido enviado, conducid a estos señores a la Municipalidad.

Los nombres de la Asamblea nacional y del general Lafayette, gozaban entonces de todo su prestigio y produjeron efecto.

—¡A la Municipalidad, a la Municipalidad! —gritaron muchas voces.

Los hombres honrados hicieron un esfuerzo, y el señor de Choiseul y sus compañeros se vieron impulsados hacia la casa Ayuntamiento, a la que tardaron en llegar más de media hora.


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