La Condesa de Charny

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Cada minuto de esa media hora era una amenaza o una tentativa de muerte. La más pequeña abertura que en derredor de los presos dejaban sus defensores, daba paso a la hoja de un sable, al tridente de una horquilla o a la punta de una hoz.

Llegaron al fin a la casa Ayuntamiento. Tan sólo un individuo de esta corporación estaba allí, y asustado en extremo al pensar en la responsabilidad que sobre él pesaba, dispuso que los señores Choiseul, de De Damas y de Floirac fueran encerrados en un calabozo y custodiados por la guardia nacional, librándose así de todo compromiso.

El señor de Romeuf declaró entonces que no quería separarse del duque de Choiseul, pues por él se había expuesto a cuanto ocurría; y el concejal mandó en su consecuencia que Romeuf fuese encerrado con los otros.

A una seña del Señor de Choiseul, su criado, que era poca cosa para que se pensase en él, desapareció, y su primer cuidado —no debemos olvidar que era mozo de caballeriza— fue ocuparse de los caballos.

Entonces supo que, sanos y salvos o poco menos, estaban en una posada, custodiados por varios centinelas.


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