La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Tranquilo sobre este punto, entró en un café, pidió te, tinta y pluma, y escribió a la señora de Choiseul y a la señora de Grammont, a fin de calmar su inquietud acerca de la suerte de su hijo y de su sobrino, el cual estaba salvo, según toda la probabilidad, desde el momento en que se hallaba preso.
El pobre Jaime Brisack se adelantaba mucho al dar estas buenas noticias. El señor de Choiseul estaba prisionero, sí, y en un calabozo, custodiado por la guardia nacional, es cierto; pero no se habían puesto centinelas junto a los tragaluces de aquel, y por ellos se disparaban muchos tiros a los presos, que se vieron obligados a retirarse a los ángulos.
Situación tan peligrosa duró veinticuatro horas, durante las cuales el señor de Romeuf, con admirable decisión, se negó a separarse de sus compañeros.
El 23 de junio llegó al fin la guardia nacional de Verdún; el señor de Romeuf obtuvo qué los prisioneros le fueran entregados, y no se separó de ellos hasta que los oficiales le dieron su palabra de honor de velar por ellos, mientras tanto se les condujera a las prisiones del alto tribunal.