La Condesa de Charny
La Condesa de Charny A intervalos —permÃtasenos seguir la comparación— una circunstancia imprevista daba nueva forma a aquella tempestad; los gritos, las imprecaciones y las amenazas redoblaban; las olas humanas agitándose, elevábanse y descendÃan, subiendo cual la marea, y algunas veces ocultaban completamente en sus abismos el barco que trabajosamente las hendÃa con su proa, los náufragos y la frágil chalupa que llevaba a remolque.
Llegaron a Clermont, sin que en casi cuatro leguas que habÃan recorrido se hubiese visto disminuir aquella terrible escolta. Si de entre los que la componÃan algunos se retiraban, llamados por sus ocupaciones, eran substituidos por otros que de los alrededores acudÃan, y que deseaban disfrutar a su vez del espectáculo de que los primeros, estaban ya satisfechos.