La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Entonces gritaban contra los guardias, los injuriaban, y llamábanlos —a ellos, que eran tan nobles y fieles— cobardes y traidores. Por otra parte, sobre todas aquellas cabezas exaltadas, descubiertas las más, caldeadas casi todas por el mal vino de los ventorrillos y tabernas, caÃa a plomo el sol de junio, formando un arco iris de fuego en el polvo cretoso que aquel inmenso acompañamiento levantaba en el camino.
¿Qué habrÃa dicho aquel rey, que quizá se ilusionaba aún, si hubiese visto salir de Mazieres a un hombre con un fusil al hombro, andar sesenta leguas en tres dÃas para matar al rey, alcanzarlo en ParÃs, y al verle tan pobre, tan infeliz y tan humillado, mover la cabeza y renunciar a su proyecto?
¿Qué habrÃa dicho, si hubiese visto salir del fondo de la Borgoña a un joven carpintero que, creyendo que el rey fuese juzgado y condenado inmediatamente después de su detención, se daba prisa para llegar, a fin de presenciar el juicio y oÃr la condena? Pero en el camino, un maestro carpintero le hace comprender que el asunto será más largo de lo que él cree, le detiene para fraternizar con él, le lleva a su casa, y una vez allà el joven carpintero se casa con la hija del viejo maestro[39].